domingo, 9 de septiembre de 2012

CAMINO HACIA EL TOTALITARISMO

Nos encaminamos hacia el totalitarismo, sin reacciones significativas ni palabras claras, frontales, valientes e inequívocas de la llamada oposición, ni de la mayoría de los medios de prensa y difusión en general. Ya lo dije en otras oportunidades, al comentar sobre la ley de educación http://juliomvrouges.blogspot.com.ar/2009/03/lugares-comunes-y-mentiras-sobre-la.html y la ley de medioshttp://juliomvrouges.blogspot.com.ar/2010/07/ley-de-medios-i.html, pero con ser graves -y sancionadas casi sin cuestionamientos de las fuerzas políticas que los ingenuos llaman opositoras, ni de la generalidad de los medios de difusión- son apenas una parte del problema.
El adoctrinamiento de los niños y la propaganda machacona ensalzando las autoatribuidas virtudes del "modelo"; la utilización de criminales comunes como "mano de obra" auxiliar -tal cual  relata Solyhenitzin en "Archipiélago Gulag", respecto de la Unión Soviética-; las presiones rara vez resistidas contra los jueces; la tibieza de las jerarquías católicas; la proliferación de canales de televisión estatales o comprados con fondos públicos y una mezcla de cobardía, oportunismo, necesidad o temor a la "incorrección política", han conducido a la consolidación de un régimen con claras tendencias totalitarias, y cada vez más inverecundamente intolerante, despótico, mentiroso y que mezcla, como todos los sistemas de esa laya, el lavado colectivo de cerebros con el amedrentamiento y la compra de voluntades.
Las libertades económicas están cada vez más restringidas, y sólo los ingenuos y los que no conocen historia, desconocen  que en el mediano plazo conduce a eliminar las libertades y garantías individuales no económicas (Friederik von Hayek, "The road to serfdom"). Un ejemplo grave reciente, es el "corralito" cambiario. El derecho de salir del país -transitoria o definitivamente- reconocido por el artículo 14 de la Constitución Nacional, que es tan absoluto que ni siquiera cede ante el estado de sitio (artículo 23, última parte de dicha Carta Magna), depende hoy del fisco y del Banco Central, pues quien quiera emigrar, en los hechos no podrá hacerlo ni siquiera vendiendo todos sus bienes: podrá egresar de nuestras fronteras físicamente, pero su patrimonio quedará encarcelado dentro del territorio nacional. Eso lleva a que únicamente emigren los que nada tienen que perder,  han decidido perder sus bienes en Argentina para no ver arrebatada por completo su libertad, o los auténticamente ricos, que ya tienen un patrimonio considerable fuera del país.
Estamos ante un sistema en que el Congreso -dejando de lado las excepciones que, por lo honrosas, demuestran su anomalía- ha traicionado a la Patria, otorgando al Poder Ejecutivo y a sus funcionarios dependientes, facultadas extraordinarias que dejan en sus manos la vida, la libertad y la fortuna -poca o mucha- de los habitantes de la Nación (artículo 29 de la Constitución Nacional).
Exhorto a todas las fuerzas políticas que algo conserven de democráticas, y a los distintos movimientos de opinión, sectores económicos, periodísticos o ciudadanos no organizados que repudian, pero en voz baja al actual régimen, a que rompan las cadenas del temor y comiencen a aunar fuerzas, antes de que Argentina se convierta en otra Cuba. No solamente por nosotros, sino principalmente por nuestros hijos, breguemos porque Argentina sea un lugar digno de ser vivido.
Nuestro actual dictador económico Kicillof es un marxista confeso, y los empresarios cortesanos no se atreven a decir lo que piensan. En cualquier país que no padezca la locura y la timidez colectiva de Argentina, eso sería una señal de profunda alarma (sospecho que inclusive en China, en Vietnam o en la Rusia actuales). Pero allí está, con su gesto de compadrito "perdonavidas" con relación a Techint ("podríamos fundirlo pero no lo haremos") sin que la comunidad empresaria y la gente en general se solidarice ni dé muestras de indignación. Por el contrario, están paralizados por  un temor cerval.
El miedo se ha instalado en Argentina. Además, muchos que en su fuero interno repudian el kirchnerismo marxista, son funcionarios públicos que por necesidad o por comodidad, no renuncian a vivir del presupuesto estatal.
Es hora de que reaccionemos, utilizando  las armas legales y políticas para impedir que todas nuestras libertades sean anuladas; no permitiendo la des-educación de nuestros hijos por "La Cámpora"; y otras iniciativas que mi falta de imaginación y de experiencia política sabrán suplir los destinatarios de este improvisado y angustiado mensaje.

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